miércoles, 14 de diciembre de 2016

En Recuerdo de Marcelo Cobo Sevilla, ganadero fundador de Huagrahuasi.





                           Marcelo Cobo Sevilla fue el fundador de la ganadería de Huagrahuasi

Conducía su caballo con templanza en los verdes potreros, zigzagueando con serenidad entre el imponente lote de toros, seis ejemplares de preciosa lámina, cinco negros y un castaño con el hierro de la "H" en el anca derecha y un sólo guarismo en el costillar.

Esa breve secuencia de números del uno al seis que ofrecía identidad a las reses, era también la combinación secreta con la que se atesoraba la bravura, se sintetizaba décadas de trabajo y, sobre todo, se cumplía un sueño.

Apoyado en los estribos con las riendas en sus manos, paso a paso, miraba con detenimiento las hechuras de los astados:

"Son como un zapato, bajos, de manos cortas, de cuello largo y finos de cabos. Por su procedencia seguro embisten", comentó en voz baja, lleno de emoción y orgullo. 

Sentido homenaje del periodista Santiago Aguilar, al ganadero ecuatoriano Marcelo Cobo, fundador de Huagrahuasi....



La frase, el tono y el entorno, marcaron el punto de inflexión de la fiesta de los toros en el Ecuador; es que con una veintena de palabras Marcelo Cobo Sevilla, desde su cabalgadura, empezaba a escribir el capítulo más brillante de la historia del campo bravo nacional.

El episodio sucedió hace 34 años en los pastizales de Huagrahuasi en una luminosa mañana andina; el encierro que descollaba en las exuberantes praderas remataba para, pocas semanas más tarde, lidiarse en Iñaquito.

El aspecto del toro y su contenido ya eran distintos, las vacas y sementales puros de Juan Pedro Domecq habían llegado cuatro años atrás a la casa del toro para refundar la ya legendaria divisa.

La bravura fue la obsesión de Marcelo Cobo, la buscó desde siempre entre las intrincadas raíces de la genética.



Hace más de medio siglo junto a su hermano Carlos Manuel emprendieron en un proceso de rigurosa selección de animales procedentes de Pedregal Tambo, Pinto Barreiro y Lorenzo Tous; poco a poco, despacio y con inagotable paciencia formaron la ganadería, escogieron hierro y divisa y debutaron en Quito en 1969.

De allí en adelante la severidad en los tentaderos y el reforzamiento de la raza con reses indultadas en la arena quiteña en la década de los setenta ya le colocaron como el criadero de lidia más importante; sin embargo, la cortedad de las camadas y los problemas de consanguinidad, imponían la urgente renovación de la vacada y de la simiente.

En 1978, Marcelo Cobo acompañado por otros criadores promueve y concreta la importación de vacas y sementales españoles para transformar la cabaña brava de nuestro país; hecho referencial ya descrito con el arribo del encaste Domecq a los páramos de Huagrahuasi.

Cuatro años más tarde en las vísperas de la ya famosa Feria Jesús del Gran Poder, Marcelo Cobo Sevilla desde su montura vio su anhelo realizado.

Un precioso oleo que se confunde entre decenas de fotografías, premios, carteles y recuerdos que se exhiben en la finca; recrea el inolvidable momento.

Desde entonces el tesoro de la bravura es cuidado y multiplicado con ejemplares afición e inteligencia.

Técnicas como la inseminación artificial y el trasplante de embriones revolucionaron la lógica ganadera de aquellos tiempos y aseguraron el futuro del hierro.

Como todo en la vida, el que siembra, cosecha; año a año, los toros de la “H” triunfaron tarde a tarde en el redondel capitalino, al punto que su prestigio creció y la divisa roja y blanca brilló hasta en Bogotá en 1985.

La secuencia de felices sucesos expresados por las prontas, largas y nobles embestidas de una interminable serie de toros ilustres convirtieron a Huagrahuasi en la marca registrada del toro de lidia de la mitad del mundo.

Nombres como "Marqués", "Localeño", "Bullanguero", "Atrevido", "Roteñito", Grandioso y muchos más, otorgaron gloria a los colores, triunfos a las figuras y emoción a su criador.



Las claves de la crianza, desde hace tiempo atrás, obran en manos de su hijo José Luis a quien vio convertirse en matador de toros primero y luego en sapiente ganadero pues, supo continuar con la filosofía de la casa, “moldeando” como explica: “esa arcilla enigmática de lo que debe ser un toro bravo, algo difícil y complejo, pero siempre, una aventura interminable, cotidiana y maravillosa.

Un sueño cumplido, un premio a la vida”.

Paz en la tumba de Marcelo Cobo.

Nota: Marcelo Cobo Sevilla fue el fundador de la ganadería de Huagrahuasi, uno de los precursores de la crianza del toro de lidia y promotor de la fiesta de los toros en el Ecuador.

Fuente: Santiago Aguilar / AlToroMexico
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