jueves, 10 de septiembre de 2015

Así descubrió Pablo Hermoso de Mendoza a ‘Cagancho’


Cagancho, un caballo que parecía desahuciado, hizo célebre a Pablo Hermoso de Mendoza.

Antes de cortar un rabo en Bogotá, el rejoneador navarro nos contó la historia de esta figura del toreo.

Pablo Hermoso de Mendoza no sólo es el mejor torero a caballo del momento.

Muchos críticos se han atrevido a afirmar que la historia del rejoneo debe partirse en dos: antes y después del rejoneador navarro.

Su aparición en la fiesta supuso toda una revolución y hoy es considerado una leyenda.

Pero quizás nada de estos adjetivos serían posibles sin Cagancho.

Mas informacion a continuacion...



Si hoy Pablo es el mejor de la historia, en buena parte es gracias ‘Cagancho’.

Pero si ‘Cagancho’ es el caballo más famoso del rejoneo, es gracias a Hermoso de Mendoza.

“Era octubre de 1990. Por primera vez me habían contratado para torear en Portugal, con tan mala suerte que la corrida la aplazaron una semana por lluvia.

Mientras daban la corrida fuimos a ver caballos que pudieran completar mi cuadra

Llegamos a la finca de Antonio Brito Paes. Nos mostró muchos caballos, pero como en esa época yo estaba canino, es decir, no tenía un solo duro, todos los que me mostraba se salían del presupuesto.

Quizás Antonio se compadeció de la situación, quería que me fuera con algún caballo y se acordó de uno que tenía refundido.

-Mira este caballo, Pablo- , me dijo Antonio.

-Me lo han regalado para enseñarle a montar a una niña. Tiene buenos orígenes-.



Pues se trataba nada más ni nada menos que un hijo de Nilo.

Nilo era hermano de dos caballos emblemáticos de la época, Opus y Neptuno. ¡Vaya si son buenos orígenes!

El caballo era joven, pero no estaba bien desarrollado. Todo lo contrario, era feo de aspecto.

Pero esos orígenes, esa familia...

Por aquella época mis caballos no eran grandes estrellas, así que cualquier caballo podría mejorar mi cuadra.

-Te lo dejo en tres mil dólares-, me lo puso Antonio. Aún se salía de mi presupuesto. Le ofrecí dos mil.

-Hagamos una cosa. Voy a llevarlo a la feria del Caballo de Golega, y si nadie me ofrece más tu te lo llevas en dos mil dólares-.

Pues llegamos a la feria, y entre tantos caballos bonitos nadie lo miraba.

Lo montaba un niño, lo paseaba y lo exhibía al público y nada, el caballo parecía un encarte

. No iba dos días de feria cuando Antonio me buscó desesperado.

-Oye Pablo, lo que hablamos y llevate el caballo-.

Tenía nuevo caballo.

Lo bautice ‘Cagancho’, como ese genial torero gitano de los años 40.

Fui trabajando con él en el invierno del 90 lo trabajé con mucha dedicación y en la siguiente temporada lo saqué para el último tercio.

Era un caballo muy torpe, pero tenía mucho corazón.

Su mecánica física era muy pesada, se agarraba mucho al suelo, no se deslizaba fácil.

Pero no tenía más caballo.

Era por necesidad, cariño y trabajo, a pesar que ese año no se le veía nada especial.

Total en una corrida con compañeros de la élite lo saque para poner banderillas cortas.

Pero me choqué contra el toro en tres ocasiones, pero el caballo ni se quitaba.

Volví a mi casa con una impresión de que no tenía caballo y que la carrera de ‘Cagancho’ ya se había acabado.

En ese entonces yo toreaba muy poco, siete corridas al año. La siguiente tarde que tenía era un mes después.

Esos días lo volví a trabajar y a trabajar.

Tenía que buscar algo dentro de él.

Llegué a un pueblo de Santander y salí tan inseguro con él que pensé que no se iba a arrimar lo suficiente para poner las banderillas cortas.

Entonces saqué una banderilla larga primero, para ver como reaccionaba el caballo.

Lo aventé de frente, como dejándolo en libertad y para siempre se me quedará la imagen grabada.

El caballo hizo una especie de arco, una expresión preciosa, y ha sido la banderilla más espectacular que haya puesto en mi vida.

Tanto así que lo saqué de la plaza, y en el siguiente invierno lo trabajé con mucha dedicación.

Desde la temporada del 94 ya lo empecé a sacar en banderillas y su evolución fue tremenda, fue creciendo y creciendo, y a la postre fue famosísimo en el mundo entero.

Hoy sigue en mi casa. ¡Ya tiene 25 años y está pintando unas canitas en su cara! Su aspecto es saludable y sale al campo todos los días, dos o tres horas, pasea como una persona de avanzada edad que disfruta de buena salud y del cariño de toda mi familia, y de tantos y tantos aficionados que pasan por mi casa...”

Lo que pocos saben es que ‘Cagancho’ estuvo a un cheque en blanco de no ser leyenda.

Ocurre que en octubre de 1994, en la feria de Zaragoza, Pablo Hermoso de Mendoza actuó en sustitución de Fermín Bohórquez. Fue su primera gran tarde en una feria de primera categoría, y la tarde que lo catapulta.

Las cámaras de Televisión Española fueron testigos de esa tarde inolvidable.

Y en Colombia, desde una finca antioqueña, donde sus propietarios son amantes del toro y el caballo, la señal internacional permitió que ellos también se maravillaran con ‘Cagancho’ y además se enamoraron de ese caballo negro con patas blancas, hasta el punto de que enviaron a una persona para que negociara con Pablo Hermoso de Mendoza.

“Ponga usted la cifra en el cheque y la multiplicamos por dos”, le dijo el emisario.

Pablo Hermoso no puso ninguna cifra. Su apoderado le dijo que había hecho una gran tontería. Ahora, cuando ‘Cagancho’ ha pasado a ser el caballo más importante de la historia, Pablo le sigue preguntando a su apoderado si aún piensa que fue una tontería...

‘Cagancho’ murió este 19 de agosto, cerca de cumplir los 32 años, víctima de lo que se dictaminó como un ictus.

‘Cagancho’ fue parte del ‘equipo’ de Pablo Hermoso durante más de 10 años y en más de 700 festejos por todo el mundo y gozó del reconocimiento y el interés por verle por parte del público aficionado en muchas plazas.

Hermoso lo retiró de los ruedos en Pamplona, en los ‘sanfermines’ de 2002, luego de otras despedidas como la de Sevilla.

‘Su irrupción fue tan contundente que muchos me preguntaban si yo era el que montaba el caballo negro…..no sabían ni mi nombre, pero sabían que había un caballo negro en el toreo que estaba haciendo maravillas‘
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